Escritos

Cartas y reflexiones

Palabras que nacen de la consulta y de mi propio camino.

Más allá de las murallas

Un niño de espaldas, sentado junto a una ventana, abraza un dinosaurio de juguete; sobre el vidrio, el texto «Más allá de las murallas»

Quiero que sepas que te veo.

Te miro a los ojos y te veo.

Tu desamparo, tu soledad, tu incomprensión y tu desesperación.

Te veo y me veo. En lo hondo sé que tú lo sientes también.

Desde que te descubrí adentro mío, apareces escondido en todas partes, susurrando o pidiendo a gritos auxilio.

Detrás de esas inmensas murallas que construiste para convencerte de que el dolor no existe.

Dicen que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, pero desde que te encontré las murallas se volvieron transparentes.

Por eso a donde quiera que voy te veo.

A veces quisiera gritarte ¡yo sí te veo!

Chiquitito y desprotegido, aferrado a la vida, ansiando que algún día te encuentren.

Te veo solo detrás de tu autosuficiencia,
te veo aterrado detrás de tu ilusión de control,
te veo el dolor intolerable atrás de tu desconexión,
te veo rechazado detrás de tu complacencia,
te veo descuidado atrás de tu autopostergación,
te veo atacado detrás de tu miedo a ser lastimado,
te veo exigido detrás de tu perfeccionismo,
te veo abandonado atrás de tu seducción,
te veo herido detrás de tu resentimiento,
te veo solo atrás de tu dependencia,
te veo desvalorizado detrás de tu superioridad moral,
te veo juzgado detrás de tu arrogancia…

De verdad te entiendo, yo también me salvé.

Las murallas necesitan ser construidas, es parte de nuestro desarrollo humano, no te autocastigues por favor.

La culpa solo te perpetúa en el sufrimiento.

Es imprescindible encontrar nuevas maneras.

Todos los niños de esta tierra sin distinciones merecen amor incondicional. Tu niño no era la excepción.

Siento mucho que no haya sido así.

Te pido perdón de corazón en nombre de quienes hoy no son capaces de hacerlo porque aún no descubrieron el dolor que habita más allá de las murallas.

Para ellos tampoco fue así.

Sé que estás ahí, detrás de todas esas historias que te contaron y te cuentas.

Sé que estás ahí, esperando que alguien llegue a hacerse cargo de tu dolor.

Quiero que sepas que hoy hay alguien capaz de hacerlo.

Esa persona eres tú.

Tus heridas abiertas también pueden sanar.

Te necesitamos.

Ya es tiempo.

Lore

Ser mi propio instrumento

Lorena Odacio Tiozzo, Psicóloga Psicoterapeuta Lorena Odacio Tiozzo, Psicóloga Psicoterapeuta

Sí, los Psicólogos Clínicos somos nuestro propio instrumento. Me refiero a que lo que ofrecemos es lo que somos, ni más ni menos. Eso incluye múltiples dimensiones de nuestro sí mismo. Incluso hay una parte de nuestro inconsciente que aloja a cada paciente y continúa resonando con lo que sucede más allá de cada encuentro.

Comprender la profundidad de esta verdad me ha llevado mucho tiempo y trabajo personal. Hay algo intransferible que solo podemos ofrecer a otros, luego de transitar nuestro propio infierno personal acompañados. No puedo compartirte mapas de tierras que desconozco, también sé que mi territorio no es el tuyo y quizás mis mapas no alcancen. No quiero transmitirte palabras vacías. No soy capaz de acompañarte si no me reconozco una humana que como tú, también sufre.

Ser Psicoterapeuta implica el comprometido trabajo diario de autoobservación compasiva que amplifica la conciencia y nos permite responsabilizarnos por los modos que toma nuestro depredador interno para dañarnos y dañar a otros, que en lo profundo es lo mismo. Reconociendo cuando eso sucede y volviendo con amabilidad y paciencia al amor todas las veces que sea necesario.

Procuro cultivar el desarrollo de un espacio interno que pueda mantenerse ecuánime frente al horror, pacífico, benevolente, emocionalmente fuerte y profundamente sensible a la vez. Entonces ofrecerlo al otro, con la humildad de la tierra que le hace espacio a la semilla, como una ofrenda de paz, como un lugar donde digerir aquellas cosas imposibles de asimilar en solitario.

Un espacio donde soltar la carga de los pesados mandatos, habitar el cuerpo, reconocer el miedo, el dolor, el enojo, la vergüenza, validarlos, llorar con las tripas, temblar con todo el cuerpo, recuperar nuestra propia voz y decir todo lo que nos callamos o nos callaron e integrarnos.

Allí, dejar caer nuestros viejos ropajes para transformarnos en quienes somos en esencia, redescubriendo nuestra propia belleza ignorada. Contemplando nuestra desnudez ya nunca más como un símbolo de vulnerabilidad sino de fortaleza, libres de la vergüenza de ser quienes somos. Reconociendo nuestro valor y entregándolo y entregándonos al mundo.

Con coraje, paciencia, persistencia y autocompasión sucede lo numinoso. Nuestras heridas se develan y es muy bello y doloroso a la vez. Transitar el sanarnos nos lleva muy profundo y nos transforma, mucho más de lo que imaginas, pero necesitas experimentarlo para comprender. Ojalá nos acompañes, nos necesitamos a todos.

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