Mi biblioteca
Textos para comprender lo que nos pasa. Iré sumando nuevos temas, los libros que recomiendo y las autoras y autores que me inspiran.
El trauma irrumpe y nos desarma
Qué es
El trauma irrumpe y nos desarma. En ocasiones lo que sucede es tan intenso para nuestro sistema nervioso que el sistema de procesamiento adaptativo de la información con el que contamos se bloquea. Experimentamos shock e incredulidad, la percepción del tiempo cambia y nos sentimos atrapados en esa eternidad traumática con las mismas creencias disfuncionales, emociones aflictivas, sensaciones corporales de malestar.
Lo vivenciado es algo que el aparato psíquico no es capaz de asimilar, e integrarlo se transforma en un desafío para todo el organismo.
Cómo se manifiesta
Los disparadores son singulares y subjetivos. El pasado se presentifica y esos recuerdos emergen a la conciencia con sensaciones corporales, emociones aflictivas, creencias disfuncionales, generando altos niveles de perturbación.
No podemos controlar cuándo una experiencia traumática no resuelta pueda ser evocada por asociación libre, pero sí podemos trabajar sobre nuestras memorias traumáticas para que puedan ser integradas a la conciencia.
Te dejo una pista: cuando la respuesta al estímulo es desproporcionada, puede ser un indicador de que algo nos trae el inconsciente.
Cómo lo acompaño
La Terapia EMDR es capaz de acceder a estas memorias, desbloqueando nuestro propio sistema de autocuración, desensibilizando y reprocesando material emocional perturbador y creencias disfuncionales, liberando el trauma de la memoria corporal, de un modo profundo y definitivo.
Si necesitas trascender esas experiencias traumáticas que emergen una y otra vez en el presente y no te permiten vivir en plenitud, te acompaño a integrarte y trascenderlo. Puedes leer cómo trabajo con la Terapia EMDR y mi abordaje.
Referencias
- Shapiro, F. (2018). Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) Therapy: Basic Principles, Protocols, and Procedures (3.ª ed.). Nueva York: Guilford Press.
- Herman, J. L. (2025). Trauma y recuperación. Editorial Eleftheria (obra original de 1992).
Los límites en la adolescencia
Qué es
La adolescencia puede ser un período muy desafiante para las familias, tanto para las mapaternidades como para ellos mismos.
A medida que los adolescentes crecen, buscan más independencia y a veces incluso exploran todos los límites posibles. ¿Les resulta familiar? ¡No están solos!
Reflexionar sobre los límites en la adolescencia es fundamental para favorecer una relación saludable y respetuosa con nuestros hijos.
Los adolescentes están en una etapa de búsqueda de su identidad y, aunque anhelan libertad, también necesitan sentir que hay un encuadre seguro a su alrededor que los sostiene y contiene.
Cómo se manifiesta
Aquí radica una de las principales dificultades: la tensión entre habilitarlos a que se expongan a situaciones nuevas y establecer límites claros que los protejan.
Uno de los mayores desafíos que enfrentan los mapadres es la resistencia a aceptar normas familiares. Es natural que los jóvenes busquen desafiar las reglas; forma parte de su proceso de desarrollo. Sin embargo, mantener una postura comunicativa firme y amable es clave.
Es importante recordar que los límites no son sinónimo de castigos, autoritarismo ni obediencia ciega. Los límites colocados de modo razonable, con conciencia y respeto, son amor, cuidado, contención, guía en una etapa donde los desbordes emocionales y conductuales son esperables, debido al neurodesarrollo.
Algunos aspectos a considerar
- Comunicación abierta: hablen con sus hijos sobre los motivos detrás de cada límite. Escucharlos con atención y respeto y explicar las decisiones les ayudará a establecer una relación de cooperación, en vez de una batalla donde hay ganadores y perdedores.
- Coherencia: las normas no deben variar según nuestro estado emocional o cansancio. Si un límite se establece, debe sostenerse, a menos que exista un motivo realmente válido para flexibilizarlo. La inconsistencia genera confusión, desorden y pérdida de autoridad parental. Si somos solo amigos de nuestros hijos, los dejamos huérfanos. Ellos nos necesitan.
- Flexibilidad: las normas familiares deben revisarse y adaptarse a medida que los hijos van creciendo.
La serie del cerebro adolescente
Durante la adolescencia hay tres zonas del cerebro que son muy importantes: la amígdala, el estriado y la corteza prefrontal.
1. La amígdala
La amígdala participa de manera central en nuestras respuestas emocionales. ¿Sabías que la palabra almendra proviene etimológicamente del griego amygdala, ya que la amígdala cerebral y las almendras tienen una forma similar?
Las emociones generan una vivencia espontánea ante circunstancias que implican respuestas inmediatas. No podemos elegir ni controlar nuestra experiencia emocional. Si bien la amígdala está activa a lo largo de toda nuestra vida, presenta cierta particularidad durante la adolescencia, y es que se vuelve hiperreactiva. Hablamos de respuestas emocionales más intensas y más rápidas que en niños, preadolescentes o adultos.
Entonces, ¿cuál es el propósito de esta hiperreactividad? Los adolescentes necesitan dejar atrás conductas infantiles y explorar el entorno para aprehender en forma progresiva qué significa ser adulto. Sí, aprehender con hache, ya que necesitan apropiarse, integrar una manera adulta de ser y de estar en el mundo. Explorar el entorno sin la experiencia ni el conocimiento sobre el mundo adulto. Por eso es tan importante la base segura interiorizada en la infancia, y no obturar desde la sobreprotección ni abandonar al exponerlos tempranamente.
Si eres mamá, papá o cuidador principal de un adolescente, ¿conoces cuáles son tus tendencias? ¿Hacia dónde te desregulas?
Retomando sobre los adolescentes, las emociones hiperreactivas los habilitan a responder tan rápido como es posible ante una situación amenazadora, para prevenir daños. Es decir, tienen una función protectora. Desde una perspectiva biológica, es saludable que las amígdalas estén hiperactivadas.
Comprendiendo su propósito, ¿cómo apoyamos este condicionamiento biológico desde la psicoterapia?
- Transmitiendo cómo acceder a niveles más profundos de conciencia, para comprender el origen del surgimiento de emociones aflictivas y su posterior resolución.
- Aprendiendo a discernir amenazas reales, de las que necesitamos protegernos o defendernos, de temores neuróticos cuyo origen no son peligros reales sino, por ejemplo, experiencias previas no elaboradas o anticipaciones catastróficas.
- Habitando el cuerpo en transformación y aceptándolo tal y como está siendo.
- Validando el enojo, cuya función es reconocer que fuimos heridos, y encontrando modos asertivos de puesta de límites.
- Haciendo espacio también para la tristeza, que nos lleva hacia la introspección, la reflexión y la liberación del dolor alojado en nuestra memoria muscular.
2. El estriado
El estriado es una zona del cerebro que forma parte de los circuitos de recompensa. Surge entonces una exploración activa, característica de la adolescencia, que pretende estimular esos circuitos de recompensa con el propósito de obtener placer. Durante dicha búsqueda pueden ocurrir situaciones, contextos o conductas de riesgo, sin valorar adecuadamente el peligro. Entonces tenemos emociones hiperreactivas y estimulación de circuitos de recompensa que brindan bienestar y placer.
Estas características implican cierta toma de conciencia en la necesidad de promover, fortalecer y estimular experiencias educativas, deportivas, artísticas y sociales que puedan activar esos circuitos de recompensa, ya que dicha búsqueda de placer puede desviarse de su objetivo primario de protección y supervivencia hacia una búsqueda hedonista de sustancias o experiencias que puedan generar la vivencia corporal que brinda la activación de dicho circuito.
Por otro lado, es imprescindible una crianza respetuosa desde el acompañamiento y la presencia de padres, madres y otros cuidadores primarios, que sean base segura y brinden un diálogo abierto y cálido que propicie acercarse a pedir apoyo u orientación frente a un problema, en vez de temer a futuros castigos.
En este caso, es necesario discernir la amabilidad y el cariño de las parentalidades positivas de los cuidadores que, desde su propio adolescente interno herido, complacen, consienten y no responsabilizan, orientados a evitar a cualquier costo que transiten el dolor de la frustración. Esto no los fortalece: obtura su crecimiento psicoemocional y puede favorecer conductas adictivas. Si como madre o padre te reconoces en esta modalidad, te invito de corazón a no activar el autocastigo y a tomar acción. Todos necesitamos hacernos cargo de nuestras heridas para no reproducirlas.
La falta de autoridad parental (digo autoridad, no autoritarismo, que en nada se parece) puede ser un factor de riesgo, contemplando las características del cerebro adolescente: un campo emocional intenso y una exploración para la activación de circuitos que generan placer.
3. La corteza prefrontal
Mientras la amígdala participa de manera central en nuestras emociones, es la corteza prefrontal la que se ocupa de generar y gestionar los comportamientos más complejos a nivel cerebral. En ella se desarrollan las funciones ejecutivas: la capacidad de planificar, reflexionar, tomar decisiones valorando alternativas, reconocer mis emociones y gestionarlas para alinearlas a mis propósitos vitales.
Durante el período de la adolescencia se observa una particularidad en la corteza prefrontal, y es que su eficiencia disminuye. Incluso en relación con los preadolescentes y los adultos, su eficiencia es menor.
¿Por qué sucede esto? La fundamentación biológica de esta pérdida de eficiencia es su necesidad de reestructurar sus conexiones para integrar las conductas de la vida adulta, generando conexiones nuevas y soltando algunas del pasado. Esto produce la falta de eficiencia.
Emociones exacerbadas + búsqueda de placer + gestión emocional de baja eficiencia = cerebro adolescente normal.
Los diagnósticos y las estrategias de intervención en la adolescencia requieren de una mirada clínica que pueda contemplar estas variables, sin minimizar la sintomatología y su sufrimiento psíquico concomitante, ni sobredimensionar y sobrediagnosticar. Entonces, el acompañamiento debe ir reconduciendo hacia un equilibrio emocional más propio del mundo adulto.
¿Te das cuenta de la importancia de la psicoeducación para el acompañamiento sensible de las y los adolescentes?
Desarrollo Positivo de la Adolescencia: un modelo de florecimiento
Iniciando la década del 90 surge un cambio en las ciencias de la prevención, en medicina y psicología preventiva.
Comienza entonces la corriente que se conoce como Desarrollo Positivo Adolescente (PYD, Positive Youth Development, en su versión original), un abordaje enfocado en brindar apoyos y oportunidades a los adolescentes con el propósito de promover un desarrollo que los transforme en adultos felices, sanos e implicados en contribuir a su entorno sociocultural más directo.
El PYD se propone resaltar los activos (assets) positivos del desarrollo adolescente en vez de dedicarse a contrarrestar las características «negativas», transitando desde un modelo de déficit que trabaja con conductas de riesgo hacia un modelo de competencias que pretende explicitar qué es alcanzar el grado máximo de desarrollo, es decir, estar bien preparado. Focalizando también en el concepto de resiliencia.
Si bien el modelo de déficit solía predominar, ambos modelos son complementarios, ya que a mayor desarrollo de competencias, las conductas de riesgo tienden a disminuir.
Surge entonces el modelo de las 6 ces, claves para el desarrollo positivo de la adolescencia según el Dr. en Psicología del Desarrollo Richard Lerner: competencia, confianza, conexión, carácter, cuidado y compasión, y contribución al bienestar de uno mismo y de los demás.
Basado en esta búsqueda de activos del desarrollo, Peter Benson y su grupo de colaboradores nucleados en el Search Institute elaboraron una lista de 40 activos esenciales para el desarrollo.
El PYD se sostiene en tres pilares desde esta perspectiva preventiva: «estar libre de problemas no es estar totalmente preparados para la vida»; «la competencia académica, si bien es crítica, no es suficiente»; «la simple competencia, si bien es crítica, no es suficiente» (Pittman, Irby y Ferber, 2001, p. 6).
Por adolescencias libres y felices, que puedan crecer en paz y desplegar al máximo su potencial.
Cómo lo acompaño
Para madres, padres y cuidadores ofrezco el Taller de Crianza Positiva, que tiene una versión para la adolescencia. Para los propios adolescentes, la psicoterapia de grupo y la psicoterapia individual. También puedes leer sobre el cerebro adolescente.
Para seguir leyendo
- Siegel, D. J. (2014). Tormenta cerebral: el poder y el propósito del cerebro adolescente. Barcelona: Alba Editorial.
- Casey, B. J., Jones, R. M. y Hare, T. A. (2008). The adolescent brain. Annals of the New York Academy of Sciences, 1124, 111-126.
- Pittman, K., Irby, M. y Ferber, T. (2001). Unfinished business: further reflections on a decade of promoting youth development. En P. L. Benson y K. J. Pittman (eds.), Trends in youth development: visions, realities and challenges (pp. 3-50). Boston: Kluwer Academic.
- Lerner, R. M., Almerigi, J. B., Theokas, C. y Lerner, J. V. (2005). Positive youth development: a view of the issues. The Journal of Early Adolescence, 25(1), 10-16.
- Benson, P. L., Scales, P. C., Hamilton, S. F. y Sesma, A. (2006). Positive youth development: theory, research, and applications. En W. Damon y R. M. Lerner (eds.), Handbook of child psychology (6.ª ed., vol. 1, pp. 894-941). Nueva York: Wiley.
Nuestras heridas se expresan a través de nuestro rol
Qué es
El ejercicio de la maternidad y paternidad es un aprendizaje que se configura siendo hijo. Nuestra propia historia de vida, modelos parentales, modos de vincularnos con las emociones, experiencias traumáticas no elaboradas, instituciones que atravesamos, cultura; van configurando una manera singular de ejercer nuestro rol.
Cuanto menos conciencia tengo de mis heridas como hijo, cuanto más idealizados estén mis padres, mi infancia y adolescencia, mayores son las posibilidades de que en el presente, maternando o paternando, reproduzca de manera inconsciente aquello que me lastimó.
Cómo se manifiesta
Son múltiples los modos en los que se expresan nuestras heridas a través de nuestro rol:
- Padres autoritarios que vivieron una violencia que aún siguen negando, minimizando, justificando; no reconociendo su dolor como hijos ni el de sus propios hijos.
- Padres sobreexigentes que no fueron reconocidos y valorados por sus padres y que buscaron en la perfección la aprobación anhelada. Ahora les transmiten el mismo discurso a sus hijos, haciéndolos sentir insuficientes.
- Padres permisivos que vivieron autoritarismo mediante gritos, obediencia ciega, miedo, castigo, y que en el presente los aterra frustrar a sus hijos porque no quieren que sufran como ellos. No pudiendo ejercer una autoridad sana, ni poner límites sin culpa.
- Padres infantilizados, dependientes, que les demandan a sus hijos que se hagan cargo de ellos, invirtiendo los roles, ya que como niños fueron abandonados.
- Padres sobreprotectores que no han podido elaborar sus temores, sentirse seguros y conectados, y que les presentan el mundo como amenazador, reproduciendo la vivencia de desprotección.
Cómo lo acompaño
De nada sirve autocastigarnos: solo el amor nos sana. Necesitamos asumir la responsabilidad sobre nuestra propia vida y tomar acción. Reconocer mis heridas, validarlas, pedir ayuda si es necesario. Nuestros hijos nos necesitan; nosotros nos necesitamos. Comienza desde donde estás.
Para madres, padres y cuidadores ofrezco el Taller de Crianza Positiva, y para quien quiere trabajar su propia historia, la psicoterapia individual y el grupo terapéutico para adultos.
Referencias
- Siegel, D. J. y Hartzell, M. (2005). Ser padres conscientes. Barcelona: La Llave.
No forzar los tiempos del alma
Qué es
No hay una sola persona en este mundo que en este momento no esté duelando algo. Toda vida humana trae aparejadas pérdidas, y toda pérdida, una vez atravesada, nos sorprende con un nuevo amanecer, una nueva oportunidad de reencontrarnos con la vida en un ciclo de vida-muerte-vida.
Suena muy poético, pero el camino es escabroso y jamás lineal. Si hay algo que aprendí de mis propios duelos es a cultivar la paciencia y no forzar los tiempos del alma. Confiando en que el dolor es impermanente y pasará.
Cómo se manifiesta
Entregarse al dolor es de las tareas más difíciles de la experiencia humana, y hacemos todo tipo de cosas para huir de él.
Irvin Yalom, psicoanalista existencial, se refiere a la muerte con la metáfora de mirar al sol, ya que no podemos sostener la mirada sin parpadear. La muerte es un miedo básico del ser humano, y entrar en contacto con la movilización afectiva que nos produce requiere fortaleza, coraje, pero creo que ante todo requiere compasión.
Cómo lo acompaño
A mí me gusta hablar del término ventana de tolerancia, del médico psiquiatra Daniel Siegel, para acercarnos hasta donde seamos capaces al dolor. Nombrarlo, bordearlo, ubicarlo en alguna parte del cuerpo o incluso elegir con conciencia no mirar hacia allí, todavía, y continuar trabajando para fortalecernos y ser capaces de hacerlo.
En los momentos de mayor vulnerabilidad es cuando más necesitamos cultivar un automaternaje/autopaternaje compasivo y libre de juicio. Desarrollando sensibilidad hacia nuestro propio dolor, hacia nuestros aspectos más vulnerables, con la intención benevolente de aliviarlo.
Solo somos capaces de atravesar el dolor sostenidos en el amor.
Si conoces a alguien que hoy está duelando, pregúntale cómo está, hazle saber que estás disponible para acompañarlo, que tu corazón está con él o ella. Si estás duelando, por favor no te aísles: nadie se salva solo. Déjate acompañar, pide ayuda.
Referencias
- Yalom, I. D. (2008). Mirar al sol: la superación del miedo a la muerte. Buenos Aires: Emecé.
- Siegel, D. J. (1999). The Developing Mind. Nueva York: Guilford Press.
Si en algún momento quieres un espacio de acompañamiento, puedes escribirme cuando lo sientas.